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Testimonio

Herminia Castro: un testimonio de fe, fortaleza y esperanza frente al cáncer de mama

Mi nombre es Herminia Castro y soy sobreviviente de cáncer de mama. Recibí mi diagnóstico en junio de 2025, un momento que marcó mi vida y en el que tuve que enfrentar un camino lleno de desafíos, pero también de aprendizajes y esperanza.

Como parte de mi tratamiento, inicialmente recibí 15 sesiones de quimioterapia para reducir la lesión. Aunque disminuyó un poco de tamaño, fue necesario realizar una cirugía, que gracias a Dios salió muy bien.

Un mes después de la operación, continué con 15 sesiones de radioterapia, un proceso que también pude culminar satisfactoriamente. Hoy, al compartir mi experiencia, quiero recordarles a todas las mujeres que están atravesando esta enfermedad que no están solas y que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay motivos para mantener viva la esperanza.

Mi mensaje para ellas es que tengan mucha fe, fortaleza y confianza en Dios; que se aferren a Él y encuentren en su amor la fuerza necesaria para seguir adelante. La oración ha sido una parte importante de mi camino y me ha ayudado a afrontar cada etapa con esperanza.

A todas las mujeres que están viviendo esta experiencia, les deseo de corazón mucha fortaleza, salud y bendiciones. Que Dios las acompañe, las sostenga y les dé fuerzas para continuar. Nunca pierdan la fe ni la esperanza.

Diana María Acosta: una historia de amor, vocación y familia frente al cáncer

2 testimoniosUn testimonio de Mauricio Acosta sobre la vida de su hermana, el impacto del cáncer de mama en su familia y la importancia del acompañamiento durante la enfermedad.

Diana María Acosta Cifuentes fue docente, madre de dos hijas y una mujer que dedicó buena parte de su vida a la educación de niños en zonas rurales. Su vocación la llevó a trabajar durante años en comunidades campesinas, donde encontró un propósito que trascendía las aulas.

En mayo de 2024, su vida y la de su familia cambiaron tras conocer el diagnóstico de cáncer de mama con metástasis. Durante los siguientes 17 meses, Diana María enfrentó tratamientos, complicaciones y un proceso que transformó profundamente a quienes la acompañaron.

A un año de su fallecimiento, su hermano Mauricio Acosta comparte sus recuerdos, relata cómo vivieron esta experiencia y reflexiona sobre la importancia de la atención médica, el apoyo familiar y el cuidado de quienes acompañan a una persona enferma.

Una vida dedicada a enseñar

Mujer 360°: ¿Quién era Diana María y qué recuerda de la vida que compartieron?

Mauricio Acosta: Diana María era mi hermana menor. En nuestra familia somos cuatro hermanos y crecimos en Ibagué, compartiendo muchas etapas de nuestra infancia y juventud. Nos llevábamos tres años y, como familia, construimos recuerdos que hoy tienen un significado especial.

Ella estudió Licenciatura en Educación Básica Primaria en la Universidad del Tolima y dedicó su vida a la docencia. Trabajó durante 18 años en propiedad con el magisterio y durante aproximadamente 11 años ejerció en una vereda montañosa de Rovira, donde trabajaba con niños del campo bajo el modelo de Escuela Nueva.

En algún momento intenté ayudarla a conseguir un traslado a Ibagué o a Girardot, pero ella prefería continuar con su labor rural. Tenía un compromiso muy grande con esos niños y con su comunidad.

Mujer 360°: ¿Cómo era su vida familiar y qué sueños tenía para sus hijas?

Mauricio Acosta: Diana María tuvo dos hijas, Diana Carolina y María Paula, quienes han construido sus propios caminos profesionales. Una de ellas viajó a Alemania en 2021 mediante un programa Au Pair y, después de su primer año, recibió una oportunidad laboral en una clínica odontológica. En 2023, su hermana también se vinculó al programa.

Las dos han avanzado en el aprendizaje del idioma alemán y en su formación para trabajar en el área de la salud. Como familia, hemos seguido de cerca sus esfuerzos por construir un futuro en otro país.

El comienzo de una enfermedad inesperada

Mujer 360°: ¿Cómo comenzaron los problemas de salud de Diana María?

Mauricio Acosta: En febrero de 2024, a mi hermana le diagnosticaron miomas y problemas hormonales, por lo que le programaron una histerectomía. Después de la cirugía, los resultados de patología no reportaron hallazgos de cáncer en el tejido analizado.

Sin embargo, en mayo comenzó a experimentar dolores intensos en la espalda. Inicialmente, pensamos que podían estar relacionados con la anestesia del procedimiento. Después, ella notó una masa en uno de sus senos y comenzaron nuevos estudios médicos.

Fue un momento difícil, porque no imaginábamos la gravedad de lo que estaba ocurriendo.

Mujer 360°: ¿Qué ocurrió cuando recibieron el diagnóstico definitivo?

Mauricio Acosta: Después de realizarle una tomografía de todo el cuerpo, un especialista en gineco oncología nos explicó que la enfermedad se había extendido a diferentes partes del organismo. Había compromiso en los huesos, entre ellos la columna, el brazo izquierdo, la mano, la cadera y la rodilla.

Recibir esa noticia fue muy duro. Los médicos nos explicaron el estado avanzado de la enfermedad y la orientaron hacia un programa de cuidados paliativos, enfocado en brindarle bienestar y calidad de vida.

Como familia, tuvimos que empezar a comprender una realidad para la que nadie está preparado.

El tratamiento y el acompañamiento familiar

Mujer 360°: ¿Cómo vivieron el proceso de tratamiento?

Mauricio Acosta: Al principio recibió un tratamiento de quimioterapia oral que produjo una reducción temporal de los tumores. Eso nos daba esperanza y nos hacía pensar que podía haber una evolución favorable.

Pero el medicamento le ocasionó efectos secundarios importantes y tuvo que suspenderse. Después recibió quimioterapia intravenosa, además de radioterapia y otros procedimientos médicos.

Fue un proceso muy exigente para ella y para todos nosotros. Yo trabajaba como coordinador en un colegio privado en Girardot y viajaba regularmente los fines de semana a Ibagué para acompañarla y apoyar a mis padres.

Cada visita implicaba estar pendiente de su estado, de las necesidades de la casa y, sobre todo, de cómo estaban emocionalmente mis padres.

Mujer 360°: ¿Cómo cambió esta situación la vida de la familia?

Mauricio Acosta: La enfermedad nos cambió profundamente. No solamente por lo que estaba viviendo Diana María, sino por la manera en que cada uno de nosotros tuvo que aprender a afrontar el dolor y la incertidumbre.

Llegó un momento en el que mi salud también se vio afectada. Empecé a presentar episodios de hipertensión arterial difíciles de controlar y recibí acompañamiento psicológico a través de mi servicio de salud. Ese proceso continúa.

Mis otros hermanos también han buscado la manera de acompañar a nuestros padres. Una de mis hermanas vive en Mariquita y otra en Montreal, Canadá. Cada uno, desde sus posibilidades, ha tratado de estar presente.

Me preocupa especialmente mi mamá. La pérdida de una hija deja un dolor muy profundo y, como familia, hemos intentado acompañarla de la mejor manera posible.

Mujer 360°: ¿Qué tan importante considera el apoyo psicológico para los familiares de una persona con cáncer?

Mauricio Acosta: Considero que es fundamental. Cuando alguien de la familia recibe un diagnóstico de esta gravedad, toda la familia atraviesa el proceso, aunque cada persona lo viva de manera diferente.

Quienes acompañamos también sentimos miedo, angustia, cansancio y tristeza. Muchas veces nos concentramos tanto en la persona enferma que dejamos nuestras propias emociones en un segundo plano.

En mi caso, buscar ayuda psicológica ha sido importante para aprender a manejar lo que siento. Me gustaría que las familias también recibieran orientación y acompañamiento durante la enfermedad y después de la pérdida, porque el duelo no termina cuando finaliza el proceso médico.

Los últimos meses de Diana María

Mujer 360°: ¿Qué recuerda de los últimos meses de su hermana?

Mauricio Acosta: El 18 de agosto de 2024, después de un viaje familiar de fin de semana festivo a Mariquita, Diana María se levantó para ir al baño y sufrió una fractura en una pierna. La enfermedad había comprometido sus huesos y este episodio cambió drásticamente su movilidad.

A partir de entonces, su condición se hizo todavía más difícil. Desde que conocimos el diagnóstico en mayo de 2024 hasta su fallecimiento, el 15 de octubre de 2025, transcurrieron aproximadamente 17 meses.

Fue un tiempo en el que intentamos estar a su lado y acompañarla en medio de las circunstancias. Finalmente, mi hermana falleció, y desde entonces nuestra familia ha tenido que aprender a vivir con su ausencia.

Una reflexión sobre la atención en salud

Mujer 360°: Después de todo lo vivido, ¿qué reflexión le deja el proceso sobre la atención médica de las mujeres?

Mauricio Acosta: Me quedan preguntas sobre lo que ocurrió al principio, especialmente por la cirugía que le realizaron y por la aparición posterior de otros síntomas. Como familiar, uno se pregunta si algunas cosas pudieron identificarse antes o si había algo que debió estudiarse con mayor profundidad.

No puedo afirmar que la cirugía haya provocado la propagación del cáncer; son preguntas que me han quedado después de lo que vivimos. Sin embargo, considero importante que las mujeres reciban evaluaciones cuidadosas, información clara y seguimiento oportuno cuando aparecen síntomas que requieren investigación.

También creo que las familias necesitan comprender mejor los diagnósticos, los resultados de los estudios y las opciones de tratamiento. Tener información clara permite afrontar las decisiones con mayor tranquilidad, dentro de una situación que ya es muy difícil.

El legado de una hermana

Mujer 360°: ¿Qué le gustaría que las personas recordaran de Diana María?

Mauricio Acosta: Me gustaría que la recordaran por la mujer que fue, por su vocación como docente, por el amor a sus hijas y por su compromiso con los niños del campo.

Su historia no comenzó con el cáncer y tampoco quiero que termine definida únicamente por la enfermedad. Ella tuvo una vida, una profesión, una familia y sueños propios.

Hoy, como hermano, me queda el aprendizaje de valorar el tiempo con nuestros seres queridos, acompañarnos en los momentos difíciles y reconocer que quienes cuidan también necesitan apoyo.

Mujer 360°: Si pudiera compartir un mensaje con las familias que hoy acompañan a una mujer con cáncer de mama, ¿qué les diría?

4 testimoniosMauricio Acosta: Les diría que acompañen a su ser querido con amor, paciencia y respeto. Que busquen información, que pregunten a los profesionales de salud cuando tengan dudas y que no olviden cuidar también de sí mismos.

Es importante estar presentes, escuchar y entender que cada persona vive la enfermedad de una manera diferente. Y, cuando el proceso se vuelve emocionalmente difícil, pedir ayuda no es una señal de debilidad.

Como familia, atravesamos una experiencia que nos marcó para siempre. Hoy, recordar a Diana María es una manera de mantener presente su historia y todo lo que significó para nosotros.

 

El testimonio de Mauricio Acosta nos recuerda que el cáncer de mama impacta no solo a quien recibe el diagnóstico, sino también a las personas que la acompañan. Hablar de detección oportuna, atención integral y apoyo emocional es también hablar del bienestar de las familias.

Liliana Mora: «Soy una superviviente del cáncer y aprendí a aprovechar la vida al máximo»

5 testimoniosDespués de recibir un diagnóstico de cáncer de mama, Liliana Mora, enfermera jefe con 26 años de experiencia, transformó su manera de entender el tiempo, la salud y el valor de las cosas sencillas. Hoy comparte su historia para invitar a otras mujeres a perder el miedo, buscar atención oportuna y no dejar de vivir.

Liliana Mora ha dedicado 26 años de su vida a la enfermería, acompañando y cuidando a pacientes. Sin embargo, en enero de 2021 recibió una noticia que la llevó a vivir la atención en salud desde una perspectiva diferente: la de una mujer que necesitaba respuestas, orientación y acompañamiento frente a un diagnóstico de cáncer de mama.

Todo comenzó con una jornada de prevención en el hospital donde trabaja. Aunque todavía no cumplía con la edad establecida para participar, se animó a realizarse una mamografía junto con otras compañeras. Lo que parecía un examen de rutina terminó convirtiéndose en el comienzo de un proceso que transformaría su vida.

Hoy, después de la cirugía, la radioterapia y el seguimiento oncológico, Liliana se reconoce como una superviviente. Su testimonio es una invitación a cuidar la salud, afrontar los diagnósticos sin anticipar el peor desenlace y recordar que cada día es una oportunidad para vivir de una manera diferente.

El examen que lo cambió todo

Mujer 360°: ¿Cómo descubriste el cáncer de mama y qué recuerdas de ese momento?

Liliana Mora: Pienso que los tiempos de Dios son perfectos. Soy enfermera desde hace 26 años y llevo 17 trabajando en el hospital Federico Lleras. Cada año, por esta época, realizan una jornada de prevención del cáncer de mama.

En 2020 organizaron una jornada de mamografías para las trabajadoras mayores de 50 años. Unas compañeras y yo, que trabajábamos en la UCI de la mujer, nos animamos a participar. Aunque no cumplíamos con la edad establecida, ese día no hubo mucha asistencia y finalmente nos hicieron el examen a las cuatro.

Cuando recogí los resultados, todos indicaban que debíamos realizarnos estudios complementarios. En ese momento pensé que era demasiada coincidencia que todos tuvieran la misma recomendación, pero decidí seguir el proceso.

Me hice la ecografía mamaria en enero de 2021. El especialista que me atendió me dijo que había una imagen de un nódulo cuya forma no le gustaba y que era mejor realizar una biopsia.

Yo estaba completamente tranquila porque no sentía nada. El tumor estaba ubicado en una zona profunda, no era superficial ni palpable durante el autoexamen. Eso me hizo entender que no todas las alteraciones se pueden identificar de la misma manera.

Mujer 360°: ¿Qué sentiste cuando recibiste el resultado de la biopsia?

Liliana Mora: Recuerdo perfectamente ese momento. Era el 26 de enero de 2021, estaba de turno y el resultado de la patología me llegó al correo electrónico, alrededor de las once de la noche. Cuando leí el informe, vi el diagnóstico de cáncer y me quedé en shock.

Estaba trabajando con un médico de turno. Imprimí el resultado, pero primero terminé mis labores porque tenía que responder por mis pacientes. Cuando terminé, me acerqué y le mostré el informe. Él me tranquilizó y me dijo que debíamos esperar a que me realizaran los estudios necesarios para determinar el tratamiento.

La semana siguiente fui a la consulta con el mastólogo, el doctor Wilson Tobar. Yo ya llevaba la mamografía, la ecografía y el resultado de la biopsia. Él se sorprendió de que tuviera todos los exámenes adelantados.

Recuerdo que le dije que así eran los tiempos de Dios. Para mí, cada paso se fue dando en el momento indicado.

Ser enfermera y convertirse en paciente

Mujer 360°: Después de tantos años cuidando a otras personas, ¿cómo fue vivir el proceso desde el lugar de una paciente?

Liliana Mora: Desde el primer día le dije al doctor: «Yo, a partir de ahora, no soy enfermera. Soy una señora común y corriente que viene con un problema de salud y necesita atención».

Le pedí que me explicara todo desde cero, con palabras sencillas, porque no quería que el hecho de ser profesional de la salud se convirtiera en una barrera para entender mi propio proceso.

Yo quería que me trataran como a cualquier otra paciente. No quería que me atendieran de una manera diferente por ser enfermera o por trabajar en el hospital. Todas las mujeres tenemos el mismo derecho a recibir una atención respetuosa y a comprender qué está pasando con nuestra salud.

Por eso le repetía al doctor: «Yo soy Liliana. Yo no soy la jefe Liliana, yo soy Liliana».

Fue muy bonito encontrar profesionales que me escucharon y me acompañaron. Recuerdo que el doctor Tobar me abrazó cuando me vio llorar y me dijo que estuviera tranquila, que con el tiempo podría mirar atrás y reconocer que las cosas habían salido bien.

Hoy, después de cinco años, puedo decir que ese acompañamiento fue muy importante para mí.

 

Afrontar el tratamiento y recuperar la vida cotidiana

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Mujer 360°: ¿Cómo fue el tratamiento y qué dificultades enfrentaste durante la recuperación?

Liliana Mora: Durante febrero de 2021 me realizaron muchos exámenes complementarios para determinar cuál era la mejor alternativa de tratamiento. Afortunadamente, los estudios que me hicieron para evaluar otras partes del cuerpo salieron bien.

Finalmente, me programaron la cirugía para el 8 de marzo. Antes de la intervención, incluso me fui de paseo con mi esposo al Valle de Cocora. Yo pensaba que, si tenía que enfrentar algo difícil, también quería aprovechar el tiempo y compartir con él.

Después de la cirugía, la recuperación fue compleja. Tenía dolor y dificultades para mover el brazo. Al principio, incluso me costaba hacer cosas tan cotidianas como vestirme sola.

También tuve que hacer terapia para recuperar la fuerza y la movilidad. Cuando intenté regresar a trabajar en la UCI, me di cuenta de que no tenía la misma fuerza en la mano para realizar algunas tareas, así que tuve que continuar con la rehabilitación.

Después recibí 19 sesiones de radioterapia y tratamiento farmacológico. Actualmente continúo con seguimiento por oncología y tomo anastrozol, según la indicación médica.

Fue un proceso que me exigió paciencia, porque tuve que aprender a escuchar mi cuerpo y respetar mis tiempos de recuperación.

Aprender a vivir de otra manera

7 testimoniosMujer 360°: ¿Qué cambió en tu manera de ver la vida después del diagnóstico?

Liliana Mora: Cambió completamente. Antes era una maquinita de trabajar. Trabajaba en el hospital y también en otra clínica. Pasaba muy poco tiempo en mi casa y siempre quería hacer más.

Cuando me diagnosticaron cáncer, tenía dos periodos de vacaciones acumulados y me pregunté por qué no había aprovechado ese tiempo para descansar y hacer otras cosas.

Le dije a Dios que, si me daba la oportunidad de vivir, no iba a desaprovechar el tiempo. Y eso es lo que intento hacer desde entonces.

Ahora disfruto mucho más las cosas sencillas. No necesito hacer un viaje extraordinario para sentir que estoy descansando. Puedo quedarme en casa, ver mis novelas turcas, prepararles comida a mis hijos o compartir con mi familia.

Soy mamá de tres hijos y mi familia es grande. Somos varias hermanas, están mis padres, mis sobrinos y mis seres queridos. Me encanta cocinar para todos y ver cómo llegan a mi casa, se sientan a comer y compartimos un rato juntos.

Antes podía pensar que para disfrutar necesitaba hacer algo especial. Hoy entiendo que compartir un alimento, descansar o estar tranquila en casa también es una bendición.

Aprendí a valorar el tiempo, a no acumular tantas cosas pendientes y a vivir con más tranquilidad.

Un mensaje para las mujeres que reciben el diagnóstico

Mujer 360°: ¿Qué le dirías a una mujer que hoy está atravesando un diagnóstico de cáncer de mama?

Liliana Mora: Le diría que no se asuste. Es normal sentir miedo cuando uno recibe una noticia así, pero tener cáncer no significa que todo esté perdido.

Es importante buscar atención médica, realizarse los estudios que correspondan y seguir las recomendaciones de los profesionales. Cuando logramos identificar una alteración y recibir atención oportuna, podemos tener más posibilidades de acceder al tratamiento adecuado.

Yo soy una superviviente. Cuando fui a una consulta con el radioncólogo, le dije que era una superviviente del cáncer y él me respondió que sí, que lo era, que mirara cómo estaba.

Durante mucho tiempo no conté mi historia a muchas personas. Solamente quienes estaban cerca de mí conocían lo que había vivido. Cuando empecé a compartirla, algunas personas se sorprendían y me decían que no imaginaban que hubiera pasado por todo eso.

También se me cayó parte del cabello durante el tratamiento, pero volvió a crecer. Hoy lo tengo nuevamente largo, como siempre me ha gustado.

Creo que la fe, el apoyo de la familia y una actitud que nos permita seguir adelante son muy importantes. En el camino pueden presentarse dificultades, citas que se cancelan o situaciones que nos desaniman, pero debemos buscar la manera de continuar y pedir ayuda cuando la necesitamos.

Convertir la experiencia en una oportunidad para acompañar a otras mujeres

Mujer 360°: ¿De qué manera tu experiencia ha influido en las mujeres que te rodean?

Liliana Mora: En mi familia somos muchas mujeres. Somos cinco hermanas y hay muchas tías. Yo fui la primera persona de mi familia, entre mis abuelas, mis tías y mis hermanas, en recibir un diagnóstico de cáncer.

Eso hizo que muchas empezaran a preguntarme sobre sus propios controles. Algunas me llaman para contarme que les encontraron algo o para preguntarme qué deberían hacer.

Yo siempre les insisto en que vayan al médico, que se hagan la mamografía cuando corresponda y que no dejen pasar el tiempo por pereza o por pensar que el proceso es complicado.

También tengo amigas que me consultan cuando notan alguna alteración. Yo las escucho y las oriento para que busquen atención profesional.

Antes me buscaban porque era enfermera; ahora, además, puedo compartir con ellas lo que aprendí al vivir la experiencia como paciente. Sin embargo, siempre les digo que cada situación debe ser evaluada por los profesionales de salud.

Me gustaría que mi historia sirviera para recordar que debemos ocuparnos de nuestra salud y acompañarnos entre mujeres.

Vivir en paz y aprovechar cada día

Mujer 360°: Si tu historia pudiera dejar un mensaje para otras mujeres, ¿cuál te gustaría que fuera?

Liliana Mora: Que aprovechemos el tiempo y que no tengamos miedo de los diagnósticos. Una palabra como cáncer puede asustarnos muchísimo, pero tenemos que enfrentar la situación y hacer lo que sea necesario para recibir atención.

A veces las personas se quedan en el camino porque les da miedo pedir una cita, hacer una fila, preguntar o insistir. Pero si tenemos que ir dos veces, vamos dos veces. Si tenemos que preguntar, preguntamos. Lo importante es no perder el ánimo ni dejar pasar las oportunidades de cuidar nuestra salud.

Desde que viví esta experiencia, intento aprovechar la vida al máximo, no pelear por cosas que no valen la pena y vivir en paz con los demás.

A veces es mejor soltar una discusión que quedarse atrapada en algo que no tiene sentido. La tranquilidad también es importante.

Le doy gracias a Dios por la oportunidad de estar aquí, de respirar, de hablar, de relacionarme con otras personas y de compartir mi historia.

Porque estar vivos, levantarnos cada mañana y poder disfrutar de las personas que amamos es una oportunidad que no deberíamos dar por sentada.
 

El mensaje de Liliana

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La historia de Liliana Mora nos recuerda la importancia de atender las señales del cuerpo, seguir las recomendaciones médicas y no postergar los controles de salud. También nos invita a reconocer que, detrás de cada diagnóstico, hay una persona con sueños, temores, familia y una vida que merece ser acompañada con respeto.

Su experiencia es un llamado a cuidar nuestra salud sin miedo, a buscar orientación profesional y a recordar que el bienestar también se construye al disfrutar el presente, compartir con quienes amamos y dar valor a las cosas sencillas.